Lugares.
Published by Ann under Desde la ciudad de los Vidrios Empañados on 00:55
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Digo que nunca fui de ningún lugar. Y nunca me importó eso.
No me malinterpreten, no está mal ser un lobo con manada a medias, al menos siempre tuve un lugar a donde volver a empezar o a terminar, un par de ojos que mirar, un par de manos que apretar fuerte, un par de sillones y brasas, pero nunca fui de ningún lugar.
Pero recuerdo algún momento vago y certero en el que toqué un suelo que no era mío, rasguñé un pecho que no era mío, lamí una frente ajena y llamé a todo eso hogar.
No al suelo que mis pies tocaban al bajar de un micro, no a la cama en la que me caía sin querer, no a los verdes y amarillos de la ropa, no a las paredes, a las baldosas, a la mesada, a las sillas y la tv, no a los ceniceros, los box de veinte o a los cd´s, si no al cuerpo presente que unía eso en un solo recuerdo, ese cuerpo con o sin alma, esas garras eran hogar.
Y fui de ese lugar. Desde donde no llego hasta donde no voy, de ese lugar y para siempre, con o sin barro en los pies; fui, con un sentido de pertenencia tan igual al de los árboles, con las raíces más hundidas, más enredadas en esa tierra de células, en ese amasijo de carne y huesos.
Es más fácil no ser de ningún lugar que ser un desposeído, ver un revoltijo de polvo y escombros, puros fierros y cemento raído, es más fácil que no importe que ver los cimientos de aire en tu espacio consagrado.
Ha de ser mejor quedarse en la manada, siendo el lobo solitario rayando la estepa, con los ojos fijos en aquella montaña que reventó con uno en la punta, bien subido, bien trabado.
Y no ser de ningún lugar. Y que no importe.
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Me acuerdo que abri la puerta y eras vos,
despues me perdí...
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Digo que nunca fui de ningún lugar. Y nunca me importó eso.
No me malinterpreten, no está mal ser un lobo con manada a medias, al menos siempre tuve un lugar a donde volver a empezar o a terminar, un par de ojos que mirar, un par de manos que apretar fuerte, un par de sillones y brasas, pero nunca fui de ningún lugar.
Pero recuerdo algún momento vago y certero en el que toqué un suelo que no era mío, rasguñé un pecho que no era mío, lamí una frente ajena y llamé a todo eso hogar.
No al suelo que mis pies tocaban al bajar de un micro, no a la cama en la que me caía sin querer, no a los verdes y amarillos de la ropa, no a las paredes, a las baldosas, a la mesada, a las sillas y la tv, no a los ceniceros, los box de veinte o a los cd´s, si no al cuerpo presente que unía eso en un solo recuerdo, ese cuerpo con o sin alma, esas garras eran hogar.
Y fui de ese lugar. Desde donde no llego hasta donde no voy, de ese lugar y para siempre, con o sin barro en los pies; fui, con un sentido de pertenencia tan igual al de los árboles, con las raíces más hundidas, más enredadas en esa tierra de células, en ese amasijo de carne y huesos.
Es más fácil no ser de ningún lugar que ser un desposeído, ver un revoltijo de polvo y escombros, puros fierros y cemento raído, es más fácil que no importe que ver los cimientos de aire en tu espacio consagrado.
Ha de ser mejor quedarse en la manada, siendo el lobo solitario rayando la estepa, con los ojos fijos en aquella montaña que reventó con uno en la punta, bien subido, bien trabado.
Y no ser de ningún lugar. Y que no importe.
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Me acuerdo que abri la puerta y eras vos,
despues me perdí...
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4 comentarios:
¡Me ha gustado muchisimo! Y estoy contigo, si no eres de ningun lugra nunca hecharas en falta nada.
Me encataria escribir como tu, un beso con sabor a lima y no canvies nunca!
Muchas Gracias Nana, ando paseando por tu blog... ya te dejaré allí un saludo.
Una buena reflexión :)
Espero que te haya gustado mi blog y muchísimas gracias por comentar.
Un besito color púrpura
Niña, muchas gracias por tu visita... las introspecciones, reales o no, suelen ser algo bueno, ¿No?
Saludos.
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