Tarod. (¿Sería de sangre?)

Published by Ann under on 17:24



La madera apenas hizo ruido sobre la seda oscura, se deslizó, suave y urgente. Unas manos firmes la tomaron sin prisa.

- Dafne – susurró una voz, tan igual a la seda - ¿Cuántas veces he de decirte que cuides más tu instrumento? Debe ser una parte tuya… ¿o es que andas dejando resbalar tu cabeza sobre lo primero que encuentras a mano? – Una niña de unos 12 años sonrió, enrojecida.

- Perdón maestro. – La niña tomó de las manos de aquel hombre de ojos esmeralda el arco y el instrumento y los guardó en su cofre.

- Vamos, ve a casa. Nos veremos el próximo Jueves.

La niña apenas dejaba la estancia cuando la puerta sonó estrepitosamente, azotada por una carne colérica. El hombre se posó delante de la niña lo más lento que su cuerpo exaltado le permitía. La niña tembló y su mano acarició los cabellos, dándole un poco de paz.

- La pequeña debe irse, Lucio, no lo olvides – Murmuró apenas. El intruso lo comprendió y se apartó. Ella puso sus pequeños dedos en el ascensor y bajó.

El hombre suspiró, se dejó caer en una banqueta de cuero y fijó su mirada en Lucio.

- Sabes que no puedes aparecer así, gritando, en medio de mis clases. Prometí llamarte, si aún no lo he hecho, es porque aún no era el tiempo.

- Estoy cansado – replicó el inoportuno.- Estoy horriblemente harto de ti.

- Pues, vete, eso es todo. – señaló con uno de sus dedos meñiques la puerta de madera pesada.

- No puedo… ¿Es que no entiendes que no puedo? No puedo irme… no sin saber quién eres. – El hombre río abiertamente.

- Sabes quién soy… Soy Tarod, siempre lo has sabido, lo sabes todo de mí. – Lucio golpeó su puño contra la pared.

- ¡Mentiras! No lo sé todo. Siempre hay algo que me ocultas. – Algunas lágrimas de ira contenida brotaron, irremediablemente. Tarod se levantó de su banqueta y tomó al hombre por los hombros. – Cuéntame… cuéntame la historia de nuevo, sólo así sabré si es la verdad, una vez más.

- ¿Con eso te calmarás? Será la misma historia que te cuento cada vez, es la única que hay. Es la única que sé. – Se abrazaron en silencio. – Siéntate, ya lo comprendes, no es una historia tan compleja, pero las piernas la resienten. Lucio obedeció. – La historia comienza…

- Pero no acaba…

- Shhh… La historia comienza una noche cualquiera, una noche azul, cuando regresaba yo de mis clases de viola. En ese momento aún era un alumno que anhelaba un solo alguna vez. Esa noche fue la primera en que sentí que alguien me miraba. Lejos, en una ventana también azul, unos ojos me observaban.

- Era ella. – musitó Lucio.

- Lo era. Muchas noches sentí sus ojos, otras simplemente tomé cambié el camino a casa. Una de esas veces, la encontré parada en la calle, como esperándome. Otra de esas noches me habló. Al principio fue sólo referido al instrumento, a mis clases, al clima. Luego, compartimos algunas copas, y así fuimos forjando una amistad, siempre nocturna.

- En ese momento no lo sabías… ¿no? – preguntó el curioso.

- Sabes que no. Algún tiempo pasó.

- No seas nebuloso. – reprendió.

- Pasaron 2 años de amistad con ella, y yo terminé mis estudios. Incluso me convertí en concertista, tal como lo deseaba. Tenía yo entonces 21 años. Tocaba para ella en mis ratos libres, bebía con ella y dormía con ella cuando terminaba tarde. Era una buena compañía, ya que la soledad en mi hogar era rotunda. Una noche de luna clara, llena, de esas que a ti tanto te gustan, le declaré mi amor. Ella me rechazó, fue una caída estrepitosa en mi ánimo, mas no dejamos de vernos. Yo no llegaba a comprenderla, pero la quería, o eso pensaba. Ella pintaba largos cuadros en los que se desfiguraba mi rostro, me rechazaba y aún así no me alejaba. Unos meses después fuimos a una fiesta y fui su consorte por un largo pasillo marmolado, fui feliz…

- ¿Pero aún eres feliz? – la mano de Lucio rozo su frente.

- Si, lo soy, pero estoy hablando desde el pasado… todos me miraban extrañados, tan maravillados de que con ella fuera y no pude ignorar su belleza azul. Recuerdo que intenté besarla en uno de los balcones y ella me apartó fuerte, demasiado fuerte. Presa del alcohol arremetí contra ella otra vez, más borracho de deseo que de alcohol y...

- Unos colmillos fueron tu respuesta. – completó la carne ya pacífica. Tarod se perdió unos segundos, unas milésimas que para él fueron años.

- Así es – contestó. – Así fue. Comprendí todo en un segundo de sangre. Y fue tarde. Al principio lo tomé muy bien, disfruté de mis poderes, de mi compañera y de la admirable destreza que había adquirido en mi arte.

- Todo era hermoso – agregó.

- No lo sé, Lucio… no lo sé. Una noche ella simplemente dejó de dibujarme en sus hojas, comenzó a ver por la ventana una vez más.

- ¿Iba a dejarte?

- Preguntas cosas que fueron dolorosas, yo no sé si lo sabía si quiera ella. Pero yo me apresuré a tomar de ella todo lo que podía. Incluso encontré entre sus cosas viejas una Katana de empuñadura roja, y se la pedí, tal vez no le era significativa, pues la puso en mis manos sin chistar. Comencé a tomar clases, ávidamente, ocupaba mis noches en blandir el arma y mi viola, y mostrar mis artes ante los del Clan, los mismos de aquella fiesta, la última fiesta del sol. Mejoré majestuosamente en esos oficios, me volví un grave maestro, sin haber corrido la misma suerte con ella. Y solo fuimos dos sombras revolviendo el mismo aire, apenas si nos dirigíamos la palabra.

- Y ella se fue. Una noche. – Interrumpió Lucio una vez más.

- Lo hizo, y la comprendí. No sentí pena, ya la había sentido antes, cuando me avoqué a ignorar el hecho de que yo no formaba parte de su vida sensible. Me dejó su morada, y yo la tomé. Me rodeé de músicos, de aquellos del clan y aquellos del día.

- Humanos… como yo. – agregó.

- Así es. Comencé a darles clases, no por mucho tiempo, pero al menos lo suficiente para llamarlos mis alumnos. Impartí lecciones en todas partes del mundo, tanto de viola como de su katana, me versé en historias milenarias, en nuevas y en antiguas, sorteé cada país al que me enviaron, algunos por placer, otros… también. – Rió abiertamente. – Tuve muchos amantes a los que vi envejecer y morir desde lejos, y pocos que murieron tomados de mi mano, acariciando mi piel siempre detenida. También amé otros vampiros, esos que en algunas ocasiones veo y siempre te molestan. A ella la he visto poco, pero hemos hablado mucho. Luego me dediqué a desaparecer, pero me duró muy poco, el mundo humano siempre ha sido fascinante para mí, aún siendo uno de ellos. Abrí algunos negocios que prosperaron, patrociné a algunos talentosos… pero nunca dejé que mis deseos los corrompieran. Y heme aquí, con amigos famosos, pisos, burdeles, antros y discos, atrapado, victorioso, en el corazón de una ciudad que vive de noche, tal como yo.

- Tus deseos no corrompen. – declaró, seguro.

- No lo sé. A veces creo que el daño en ti ya estaba hecho. – sonrió. Las paces estaban dispuestas. - ¿Quieres más historia?

- Es mi culpa… jamás estaré seguro de lo que eres, de lo que no me cuentas.

- Es que eso es todo, y si no es todo, es algo, que es mejor que nada. Algún día me creerás. Y ya no te gustaré. – El hombre se levantó y besó en la frente a Lucio. – Ahora vete, debo dar mi siguiente lección.

- ¿Puedo esperarte? en el cuarto contiguo, al menos. – suplicó.

- No. - Segundos después, el humano estaba parado tras la puerta cerrada.

Buenas noches, saludó un pequeño cargando un arco en la mano, y entró en la habitación. Esa misma habitación que él casi sin notarlo, ya había abandonado.

- Buenas noches, Ismael –Tarod se inclinó - bienvenido a tu segunda clase. ¿Cómo te ha ido con los ejercicios que te encargué? – El niño asintió. No tendría más de 7 años. – Bien, muéstrame.

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8 comentarios:

Vordank dijo... @ 19 de mayo de 2011 03:37
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Vordank dijo... @ 19 de mayo de 2011 16:36
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Vordank dijo... @ 19 de mayo de 2011 16:46

He disfrutado mucho de este cuento de vampiros. Lo he encontrado inundado de signos y detalles para considerar. Generalmente, me ha recordado a la saga de Rice; el incomprensible Tarod, el visitante, y también la música que, omnipresente, aparece en todas partes.
Acaso la denominación Lucio sea un velado modo de aludir a que representa un papel similar al de Louis. O tal vez no. Tal vez Tarod mismo sea una especie de Nicolas, privado del oscuro destino que le reservó la Asamblea de Les Innocents.
También recordé haber leído en alguna parte que una katana roja cruza toda tu obra de manera simbólica. Aquí aparece en las manos de la creadora de Tarod, lo cual no se me antoja casual. Tal vez sea una manera de autoreferenciarte en la historia. Vos sos la autora, y el cuento se debe a tu fantasía; esa vampira sin nombre –excelente detalle, que la convierte en un personaje legendario- es quien hizo al que a su modo es el protagonista y el más imprescindible para el cuento. Sería una divertida manera de colocarte en el papel de la autora. Tarod, así, narraría su origen con extrema sinceridad: nació gracias a vos. Me he detenido, también, en el detalle de la vampirización: no maldijo a Tarod porque quiso. ¡Qué conversión atroz! Pretendía, aparentemente, no morderlo. Lo rechazaba. No quería unirse a él. Al final lo mordió casi en defensa propia; la respuesta a una mano inadecuada, como el mordisco de un gato cogido por sorpresa.

Me ha gustado mucho. Acaso podrías continuarlo. Me he permitido soñar con un encuentro entre Tarod y su creadora.

Te felicito.


Salud.

Vordank dijo... @ 19 de mayo de 2011 16:50

He disfrutado mucho de este cuento de vampiros. Lo he encontrado inundado de signos y detalles para considerar. Generalmente, me ha recordado a la saga de Rice; el incomprensible Tarod, el visitante, y también la música que, omnipresente, aparece en todas partes.
Acaso la denominación Lucio sea un velado modo de aludir a que representa un papel similar al de Louis. O tal vez no. Tal vez Tarod mismo sea una especie de Nicolas, privado del oscuro destino que le reservó la Asamblea de Les Innocents.
También recordé haber leído en alguna parte que una katana roja cruza toda tu obra de manera simbólica. Aquí aparece en las manos de la creadora de Tarod, lo cual no se me antoja casual. Tal vez sea una manera de autoreferenciarte en la historia. Vos sos la autora, y el cuento se debe a tu fantasía; esa vampira sin nombre –excelente detalle, que la convierte en un personaje legendario- es quien hizo al que a su modo es el protagonista y el más imprescindible para el cuento. Sería una divertida manera de colocarte en el papel de la autora. Tarod, así, narraría su origen con extrema sinceridad: nació gracias a vos. Me he detenido, también, en el detalle de la vampirización: no maldijo a Tarod porque quiso. ¡Qué conversión atroz! Pretendía, aparentemente, no morderlo. Lo rechazaba. No quería unirse a él. Al final lo mordió casi en defensa propia; la respuesta a una mano inadecuada, como el mordisco de un gato cogido por sorpresa.

Me ha gustado mucho. Acaso podrías continuarlo. Me he permitido soñar con un encuentro entre Tarod y su creadora.

Te felicito.


Salud.

Vordank dijo... @ 19 de mayo de 2011 16:50
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Vordank dijo... @ 19 de mayo de 2011 16:50

He disfrutado mucho de este cuento de vampiros. Lo he encontrado inundado de signos y detalles para considerar. Generalmente, me ha recordado a la saga de Rice; el incomprensible Tarod, el visitante, y también la música que, omnipresente, aparece en todas partes.
Acaso la denominación Lucio sea un velado modo de aludir a que representa un papel similar al de Louis. O tal vez no. Tal vez Tarod mismo sea una especie de Nicolas, privado del oscuro destino que le reservó la Asamblea de Les Innocents.
También recordé haber leído en alguna parte que una katana roja cruza toda tu obra de manera simbólica. Aquí aparece en las manos de la creadora de Tarod, lo cual no se me antoja casual. Tal vez sea una manera de autoreferenciarte en la historia. Vos sos la autora, y el cuento se debe a tu fantasía; esa vampira sin nombre –excelente detalle, que la convierte en un personaje legendario- es quien hizo al que a su modo es el protagonista y el más imprescindible para el cuento. Sería una divertida manera de colocarte en el papel de la autora. Tarod, así, narraría su origen con extrema sinceridad: nació gracias a vos. Me he detenido, también, en el detalle de la vampirización: no maldijo a Tarod porque quiso. ¡Qué conversión atroz! Pretendía, aparentemente, no morderlo. Lo rechazaba. No quería unirse a él. Al final lo mordió casi en defensa propia; la respuesta a una mano inadecuada, como el mordisco de un gato cogido por sorpresa.

Me ha gustado mucho. Acaso podrías continuarlo. Me he permitido soñar con un encuentro entre Tarod y su creadora.

Te felicito.


Salud.

Ann dijo... @ 19 de mayo de 2011 23:07

Vordank, antes que nada, muchas gracias por leerme.

Realmente no había pensado el tema de Lucio como Louis, simplemente me gusta ese nombre, tampoco pensé en Rice (sí, sus primeras obras me gustan) con respeto a la viola... (si bien la imagen muestra un violín), pero, como siempre dice Eco, todas las lecturas son válidas.

La Katana... me recuerda más a animes que a mi mista, creo que es la segunda vez que la uso, me resulta un arma noble que se utiliza con mucho arte y servía como complemento a la veta artística del pesonaje que debía, obligatoriamente, llevar un arma (esto se debe a que el texto tenía ciertos lineamentos que no podía obviar, no nació como un relato completamente natural, pero, como me gustó, tergiversé su fin).

La historia con la sire... quería algo simple, bastante humano, que termine de una forma abierta y posible, como dejar de quererse, aburrirse, cansarse, y no verse más, suele pasar. Por ello también la mordida terminó un poco sin querer, pues así sería más fácil el desapego, el fin de algo que, en un principio, no era del todo querido. Una casualidad. Poco más.

No sé si alguna vez me he sentido protagonista consciente de alguno de mis escritos que pretenden emular cuentos, y si así ha sido, pues, otra casualidad, sin embargo creo que más que ser yo misma, la mujer cumple con otro cometido, darle un pasado al personaje.

Agradezco muchísimo, como siempre, que hayas leído y comentado, tus palabras significan mucho para este blog.

Espero leerte pronto. Saludos.

Anónimo dijo... @ 20 de mayo de 2011 17:14

Yo te agradezco a vos que compartas tus obras y que respondas mis comentarios, sinceramente.

Las lecturas son múltiples y yo suelo encontrar lo que quiero encontrar, desgraciadamente.

Me permito felicitarte nuevamente.


Salud.

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