Go

Published by Ann under , on 15:06
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Esta lloviendo, igual no tengo a donde ir.

Tal vez no tenga ese lugar feliz a dónde ir cuando alguien espera que uno se tranquilice o medite, pero al menos no tengo que esconderme.
La cobardía nunca fue una de mis virtudes, y sí, si tengo miedo, y no, no sé que tengo, y sí, sé lo que pierdo, sí sé que lo pierdo, y no, no hay que dar ningún paso al costado por eso.

Todos nos vamos cuando queremos, aunque no tengamos algún lugar feliz a dónde ir, no es huir.

Me preocupo, pre- ocupo, me ocupo antes, golpeo antes, y no, no siempre gano, y sí, los cobardes siempre tienen menos historias que contar.
Llueve y no significa nada. Y el humo sale de mi boca, serpentea por la ventana y se fuga a algún lugar qué desconozco, hasta en sueños el humo tiende a hacer eso y el viento sopla mientras alguna canción fatalista resuena en el silencio. Algunas luces se prenden, confundidas, no saben que aún es de día, no saben que hoy todavía no terminó. Algunos charcos perdidos reflejan las hojas nuevas de los árboles, recuerdan que aunque no parezca todavía es Primavera, que el Otoño no llega simplemente porque uno sienta que lo es. Nada, ni ruidos, ni risas ni pasos en una siesta mojada, el mundo durmiendo, aunque la hora todavía no llegó.

Acurrucada en algún lugar de esta casa grande, espectadora y expectante de una naturaleza extraña fumo el humo que ya se fue. Algunos truenos, algunos pájaros. Ninguna gotera. Los vidrios se empañan, podría dibujar en ellos alguna historia también, de esas que siempre sé como terminan pero las juego igual, no todo es tan extraño si ya hemos estado ahí antes. Hay un gato que me mira interesado, me mira y se va, todos nos vamos cuando queremos, ya lo dije, llueve pero a él no le importa, a mi tampoco me importa mojarme, lo entiendo.

-¿Qué hacés? – Me mira, lo escucho, pero no lo entiendo.
-Nada.
-¿Por qué no volvés? Me aburro solo. Encima llueve, no me gusta que llueva.
-No, me voy – sonrío.
-Te dije que llueve ¿Dónde vas a ir? – Me contesta contrariado.
-No importa eso. – Me levanto despacio y empiezo a caminar.
-Pará, enserio, llevate un paraguas por lo menos. – sus pasos son más rápidos que los míos.
-No, gracias. - sonrío mientras abro la puerta. – Y a mí sí.
-¿A mí sí qué? – Pregunta extrañado.
-Me gusta que llueva. - Y me voy.

La puerta se cierra. El agua está fria, algunos autos pasan a lo lejos. Intento prender un cigarrillo aún abajo del agua, prende. Siempre es tiempo de partir, siempre hay una razón, recuerdo siempre esa canción, y no, no importa a dónde vamos, y sí, nos vamos cuando queremos… aunque no sea a un lugar feliz.

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With the hits and the misses,
Well if you can make it on your own...
Then go if you wanna go

Orgel Version

Published by Ann under , on 1:15
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Atrapada en un cajita de música, horrenda y socavante melodía que se adhiere en las uñas de los que aún sueñan con otras melodías.
Cuerda. Ata. Cuerda. Ahoga. Cuerda. Ahorca. Cuerda. Suena.
Con ojos de vidrio y pies de porcelana, apresada en ese eterno girar, siempre sostenida por el humo, por el aire impuro de otro deseo.
La música suena, inalcanzable, danzando en el polvo, repitiéndose una y otra vez, una marca en el pecho, una marca en la pared.
Cuerda. Ata. Cuerda. Ahoga. Cuerda. Ahorca. Cuerda. Suena.
No se cierra, no se detiene, no se acalla.
¿Qué motor asesino permite que se siga arrastrando? ¿Qué ruidos no llegan a liquidar el arpegio que hipnotiza?
Cuerda. Ata. Cuerda. Ahoga. Cuerda. Ahorca. Cuerda. Suena.
La misma. La misma cajita de música que me hechiza.

------------------------------------------------------------------------------------- Still you, do not answer.
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Escombros.

Published by Ann under , on 1:04
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Miró por la ventana por última vez. Ya no llovía, hacía mucho que ya no llovia, puros presagios, ninguna realidad.
Apagó el cigarrillo contra el vidrio escurridizo, algunas veces no estaba tan mal.
Hacía tanto que no presenciaba un final aunque sea inútil que no pudo evitar reconocer que tal vez ya todo había pasado, como el agua, como el frío.
Las noches demasiado calurosas no saben de alquitrán, saben de desidia, saben de nada. Las noches frías son más de mi cuerpo, pensó.
Se alejó de la ventana con pesadez escondida y ya sin nada más que hacer recostó su silencio en otra parte.
Las noches de calor no saben de humo, saben de hastío.
Las noches de calor no saben de regresos, saben del asco.
No perdió su tiempo en extrañar el frío, las noches de calor no saben de extrañar extraños.
Ya lo sabía. No saben de nada.

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Just one touch and I'm on fire
one touch and I'm crying
'Cause you're so beautiful

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Follow

Published by Ann under , on 18:54
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¿Si algún día pierdo el rastro de las migas que has dejado?
¿Si el reflejo del cuchillo ya no brota de tus manos?
El camino es más largo que los días dibujados,
que las manecillas de los relojes que tus dedos han parado.

¿Si mi olfato no alcanza el brillo de tu cuello congelado?
¿Si las huellas se derriten en tu destierro a ese mundo alado?
Un simple cambio de viento y se deshojaría cansado
el libro que tiene tu sangre en algún lugar enclavado.

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Hace mucho que no escribía, pero nunca espero benevolencia. xD

El Bárbaro

Published by Ann under , on 18:47
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Mi relación con el Bárbaro es algo extraño. Digamos que yo le grito en esos momentos en que él no está gritando, intento hacerle trenzas en el pelo, mientras él intenta trenzarse conmigo en alguna discusión sobre el huevo y la gallina, o en algún lugar de posición preferentemente cómoda y horizontal.

Creo, honestamente, que ese es el centro de nuestra limitada comunicación, ambos fingimos no escucharnos y por eso gritamos más fuerte. Tal vez, y ahora que lo pienso mejor, todo este espectáculo para sordos sólo se deba a que nunca nos pusimos a analizar si hablamos el mismo idioma.

El Bárbaro tiene de barbarie lo que yo de Albanesa: Nada. Y ya lo veo a diario, con sus ínfulas de superhéroe en vacaciones, de intelectual con gripe aviaria y de pantalones de bailarín de ballet.

Como conocerlo, creo que no lo conocí nunca, creo que jamás lo haré, pero recuerdo la primera vez que nos vimos, allá en Siberia, cuando yo andaba en búsqueda de mis neuronas fugitivas. Me llamó la atención su atuendo poco abrigado, y es que ahora comprendo que el frío que me hizo en Siberia, proviene todo de él, y el clima seco se debe a su mismo temperamento. Mi papel de damisela en peligro (cómo si la búsqueda de neuronas fuera por encargo de Zeus a Hércules) no le llamó para nada la atención y, si bien las encontré, tan a gusto allá que las dejé de vacaciones, él aún sostiene la férrea teoría (férrea: palabra que deriva de la raíz terco y que se entrelaza a punto caramelo con él) de que no las encontré nunca, y a que ahí ando por la vida, con un espacio vacío y grandote adentro de mi cabeza. Como sea, comenzó a mostrarme algunas aldeas, dónde la gente se divertía jugando a dormir temprano y a hacer los deberes antes de que se los den, y, palabra va, palabra viene (¡y cuidado que no amanezca! Porque si me agarra la claridad después no puedo dormir), terminamos por aquí: yo, con menos frío y apunada, y él diciendo siempre alguna palabra larga, de esas que solo saben las personas que leen los diccionarios saben decir.

El tema es que el Bárbaro y yo, según dicen algunas voces que prefieren mantener su identidad en resguardo (más de mi que de él), hacemos un dueto desafinado pero funcional (aquí entre nosotros, el desafinado es él), y vamos por la calle mirándonos con cara de pocos amigos, discutiendo acaloradamente sobre la gallina y el huevo, las propiedades del buen uso del celular y la importancia de que use un escote menos provocativo. A veces deviene en nada, a veces deviene en risas, y a veces no de viene, más bien se va. Dicen también que somos justo lo que debemos ser para no cometer doble homicidio, o sea el a mi y yo a él, y lo comentan como si fuera posible dada la descoordinación galopante que nos envuelve. Creo que escucharíamos aún más cosas que estas gentes dicen si dejáramos de gritar por un rato, no sé, no es una mala propuesta, lástima que uno no está haciendo una encuesta, ergo, las opiniones poco importan.

Tenemos un contrato, convenio entre dos partes que no tiene ni pies ni cabeza, quizás esté escrito en su idioma que a mi no se me ha dado por saber, quizás lo redacté alguna noche yo, muerta de frío en Siberia; la cuestión es que lo único claro es esto: No hay nada claro, pero hay que cumplirlo, y agarrate Catalina! Si no. Por las dudas ambos inventamos algunos tratados pacifistas, para que no se note a la hora de saludar a algún pariente o amigo de la familia, de esos que aparecen justo antes de comer o de discutir un tema privado, tan oportunos y sonrientes para charlar de ¨ qué lindo que está el día! y chicos, no hace calor para tomar café? ¨. Estos contratos pacifistas se resumen en dejar de gritarnos para charlar con el pariente en cuestión, dejando bien claro que no nos molesta su presencia. Está científicamente comprobado que, acto seguido, el tercero en discordia se da a la fuga. El contrato no tiene fecha exacta, así que algún día también discutiremos sobre eso.

Yo creo que alguno de estos días se va a ir a Siberia a buscar un helado y no va a querer volver más, por las dudas, yo llené el freezer con muchos de Dulce de leche granizado (que me gustan a mi) y algunos pocos de Chocolate amargo, esos que come él, no vaya a ser cosa de que me agarre desprevenida. Hombre precavido, vale por 2, dice él, pero a mi con él solo me alcanza y me sobra.

En síntesis, mi relación con el Bárbaro es algo extraño, pero que no se diga que nunca tratamos de explicarla.
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In Memorian, porque ayer te ví, y me acordé lo que nos olvidamos,
Cómo odio que tengas el pelo más lindo que yo!
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Básicamente.

Published by Ann under , on 23:49
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Le dije que soy básica y ella se rió, pero lo soy, y creo que lo supo desde siempre.
Me gusta el café sin azúcar, las milanesas fritas y las letras honestas, arrancadas a arañazos del inconciente o del alma; detesto las faltas de ortografía y las impuntualidades, y me gusta que, para variar, la gente haga lo que dice, y diga lo que hace, nada más.
Básico. Todo tiende a serlo, o yo a querer convertirlo.
Hoy, que hay olor a viejo en esta casa que no pensaba pero extrañaba, es básico pensar en lo que hace que un lugar esté vacío, como es básico querer una noche en una astuta compañía, pero, todo es a veces tan imposible como un amanecer frío, nada…
Un decir, un soñar y una bocanada a lo lejos, al menos yo no padezco de días sin humo, así que puedo quemarme los dedos sin querer… y esperar sentada en el mismo lugar, el de siempre, el de ayer, que mi gato vuelva, que aquel niño no me odie tanto y que un amigo, aunque sea sin humo, regrese cerca de casa. Porque, básicamente, eso es lo que esta noche quiero.

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Que estés bien donde quiera que estés…

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Ella te odiaba.

Published by Ann under on 2:01
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Ella te odiaba y vos lo sabías. Igual te sentabas con ella todos los días, intentando hacerla retumbar.

Se cansaba una y otra vez de tus problemas de espacio y de tiempo, maldiciendo el momento en que tus manos la tomaban sin permiso y por el cuello, por la espalda, y sin mirarla jamás desde adentro.

Con vos nunca era la misma, buscando la manera de demostrar que jamás serías algo más que un estorbo en su misión de juntar polvo en la espera de alguien que sí la merezca, por qué sabía de destinos mejores que alguien que la apresaba con dedos duros y sin corazón, volviéndola un simple medio para ejecutar lo memorizado en un manual.

Te odiaba en lo profundo, con esa sutileza con la que saben odiar los tesoros, con esa fiereza de esperar lo que fuera necesario para hacerte sangrar con su metal afinado.

En secreto, tal vez, la odiabas un poco también, viendo como se entregaba a otros, regalando el contexto perfecto de cuento de hadas, haciendo volar su esencia a los oídos maravillados, viviendo como nunca la podrías hacer vivir. Nunca serías uno con ella.

Ella te odiaba, y cómo no ibas a saberlo! Aún así te sentabas con ella todos los días y le robabas alguna melodía a medias. De todos modos, conciente de que no era tuya, podías sonreír con ella durmiendo en tus piernas alguna vez.
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